¿Qué es el ariqueñismo?

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Los hechos naturales, los movimientos migratorios, los sistemas políticos, el ser una tierra disputada han ido configurando una identidad a través del tiempo, que a veces es difícil explicar.

Por eso, entiendo el ariqueñismo como la construcción social surgida a partir de hechos históricos ocurridos en esta tierra, pero también de una forma de vida, de una cultura.

El sentirse ariqueño/a, no sólo tiene que ver con tener el privilegio de haber nacido acá. Tiene que ver también con hombres y mujeres que, no habiendo nacido en Arica, tras conocerla y vivirla, han aprendido, entendido y hechas suyas nuestras características, la llevan por siempre en el corazón y, como cualquiera de sus hijos, la extrañan y añoran.

Más de alguna vez me ha tocado, estando en otras ciudades, cantar el himno de Arica junto a esas personas y he visto en sus ojos lágrimas de sincera emoción entonando la letra que nos legara Pedro Ariel Olea.

Ariqueño/a no sólo tiene que ver con los gloriosos hechos del 7 junio, viene de mucho más atrás, pues se trata de un territorio en que, por su ubicación en el mapa de Latinoamérica, se cruzan otras nacionalidades que van conformando una identidad muy distinta y particular a otras.

Contar la historia a partir de una fecha, es negar la historia de una de las ciudades más antiguas de Chile, fundada en 1541 y que en 1570 recibió el título de “muy ilustre y real”. Un territorio que acogió en su seno a la milenaria cultura Chinchorro, a un transitar constante de los incas, de la movilidad de los aymara, de los africanos que llegaron encadenados y se quedaron para siempre, así como de los diferentes movimientos migratorios europeos que buscaron protección en esta tierra.

Ello, a través de la historia, sumado a nuestras aceitunas y el picaflor, el mundial de fútbol de 1962, el Lago Chungará y sus carnavales, han ido configurando una identidad de ciudad cosmopolita que nos hace distintos a los demás, con una visión distinta, marcada todavía a fuego por esa sensación de aislamiento que nos ha provocado un centralismo indiferente a nuestra posición geopolítica privilegiada.

Es por eso, que la lucha que por décadas han dado muchos hombres y mujeres por Arica, se renueva en las nuevas generaciones, que siguen aspirando a un trato justo y digno de parte del Estado para con quienes vivimos en esta tierra de la eterna primavera.

En definitiva, creo que, en este mundo globalizado, ser ariqueño no es un dato genético, es un sentimiento que pese a todo muchos renovamos cada día.

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